¡¡ GRACIAS MATILDE …!!

gratitud.
(Del lat. gratitūdo).
1. f. Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera.

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Si bien, a todos, nos enseñaron a usar esas tres palabras mágicas, creo que, al menos muchos de nuestra generación no aprendimos a usarlas en nuestro círculo más íntimo, en nuestra casa, con nuestros seres más queridos, tal vez hemos vivido en la creencia de que el trato que recibimos es fruto de una “obligación” de ese ser hacia nosotros, fruto de su afecto hacia nosotros, nos hemos sentido tan centro del universo que nunca o raras veces usamos esas mágicas palabras hacia los que nos rodean, … como en todo¡hay excepciones!

Hoy me encuentro de vacaciones, estamos cerca de la familia, y me siento ¿obligado?, en la necesidad de escribir estas reflexiones, un tanto tímidas pero desde el cariño hacia una persona a la que debo la vida y muchas cosas más, una de las más fuertes que he conocido y a la que empiezo a conocer después de casi 60 años… y que muy pocas veces, quizá por la distancia, quizá por otras circunstancias, tuve la oportunidad de darle las gracias… hoy me apetece y que mejor espacio que este… ¡¡ gracias Matilde !! a veces le llamo por su nombre de pila, una forma de “acercarme”

Ella nació y al poco, guerra civil, post-guerra, hambre, ya estaba trabajando, nunca tuvo ni tiempo de ir a la escuela, toda su vida fue trabajo, trabajo duro de campo, trabajos de hombre, trabajos de bestias… nunca se amilanó ante nada, junto con mi padre anduvieron por cortijos, por las faenas, siegas… cuando tocó la emigración de mi padre, ella asumió la tarea del campo, la casa, educar a los hijos, atender a los mayores… eso la hizo a veces algo distante, no le daba tiempo a muchas “zalamerías”, la actividad era constante, luego dejamos el pueblo, se agarró a las cazuelas de la cocina del internado, los veranos a los chiringuitos de la playa, a cuidar mayores… ¿alguien da más? todo su objetivo era que sus hijos estudiaran y fueran en la vida algo más que ella… pocos lujos disfruta… un rato de playa y buenas caminatas la hacen feliz…

Ahora, esta mujer de “hierro” la que costaba acompañar andando, o en cualquier faena del campo… empieza a necesitar atención, que los demás la cuiden, se quiere resistir, no da su brazo a torcer fácilmente… es momento de recordar esos refranes muy oportunos al momento, a la conversación, fruto de esa sabiduría innata, la que enseña la vida a los que están atentos… su doble papel de padre y madre “quien te quiera bien te hará llorar” me decía en tono poco amigable, yo fui un crío, adolescente muy “complicado” al que no me podían dejar banduendo, al contrario, había que “atarme corto”, aún recuerdo algunas de sus “lecciones” una en especial: cumpli 12 años poniendo pinos en Sierra Nevada, jornal 100 pts, para que supiera lo que era trabajar, era un estudiante bastante “vaguete”, cierto, creo que aprendí una cosa por encima de otras ¡no hacerle asco al trabajo, sea cual sea! y conociendo el trabajo duro en lo físico, me ayudó a buscar otras alternativas más livianas y relacionadas con lo intelectual (a veces también duro o más…)

La historia, si entramos en detalles, es larga… simplemente me apetece decir GRACIAS MATILDE…

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