CINCO ESTRATEGIAS PARA SOBREVIVIR A UN JEFE DIFICIL by Carme Plá – Alfonso Alcantara

Sin olvidar que Jefes somos todos y, como siempre, en el trabajo de la autocrítica y deseo de mejora en lo personal y/o profesional.. ¡ no te creas nunca el Caballero de la Armadura Oxidada: bueno, generoso y amoroso !

http://www.carmepla.com/es/2009/02/28/cinco-estrategias-para-sobrevivir-a-un-jefe-dificil/

http://yoriento.com/2009/02/cinco-estrategias-para-sobrevivir-a-un-jefe-dificil-464.html/

Publicado simultaneamente por Alfonso Alcantara @yoriento

Cuando dejé de ver a mi jefe en términos de bueno o malo y me centré en lo que podía controlar – si se me veía como activo o pasivo – las cosas se simplificaron mucho. (…) El camino más fácil para conseguir lo que quiero es ayudar a otros a obtener lo que desean.

Estas son dos ideas que me han gustado mucho de las muchas que Jerry Roberts, de Careerjolt, nos propone enFive Strategies for Surviving a Tough Boss, artículo escrito como autor invitado para Zen habits, un blog sobre ¿management personal? que cuenta con casi 100.000 suscritos. Este artículo, 5 estrategias para sobrevivir a un jefe difícil, lo ha traducido Carme Pla y publicado también en su blog para convertirlo en nuestro sexta experiencia de sharismo sincronizado, tras los anteriores posts: ¿Cómo relacionarte con un amigo que busca trabajo?¿Cómo buscar y encontrar el trabajo de tu vida?¿Necesitas orientación o coaching en tu vida?;Cómo buscar trabajo haciendo networking con Twitter, Facebook y tu blog; y ¿Por qué todos los objetivos son malos para ti? Gracias.

zenhabits-jefes-dificilesEstos asuntos de jefes y empleados son clásicos en “recursos humanos” o en “gestión de personas”, y los hemos tratado antes, por ejemplo, en este par de artículos muy comentados en los que el debate giró en gran parte alrededor de la estéril asignación de culpas en la organización entre trabajadores y directivos.

Sin embargo parece más razonable exigir en el contexto de la empresa, tanto a trabajadores como a directivos, que hicieran lo mismo que planteamos en el artículo sobre la educación paradójica a padres, profesores y administración: dejarse de disputas sobre responsabilidades y que cada parte actúe como si toda la responsabilidad fuera sólo suya.

Desde la perspectiva de este artículo se propone que cada trabajador debe hacer lo que esté en su mano para mejorar su situación en el ámbito de su organización, y en concreto, en la relación con sus jefes, sin estar tan pendiente de qué deberían estar haciendo otros para que su vida fuera mejor. En fin, lo que siempre decimos: piensa lo que quieras, atribuye a otras partes la responsabilidad que consideres conveniente pero, mientras tanto, haz lo que debas. Os dejo con este buen artículo recordando, como siempre, que el tono general y algunos consejos son de “estilo norteamericano”, así que hay que extraer lo mejor de cada idea para adaptarlo a nuestro contexto laboral.

CINCO ESTRATEGIAS PARA SOBREVIVIR A UN JEFE DIFÍCIL. De Jerry Roberts

La estrategia es más útil que la emoción. Decir que tu jefe es un monstruo o culparle por todo lo que va mal en tu vida puede ser lúdico e incluso terapéutico, pero no ayuda nada a mejorar tu situación. Sólo una estrategia dirigida de forma clara y un conjunto de tácticas definidas lo harán.

¿Deberías quedarte? En casi 15 años que llevo ocupándome de cuestiones relacionadas con los puestos de trabajo me he encontrado con cantidad de gente que se quejaba de su jefe, pero muy raramente se ha llegado al extremo de que la persona trabajadora esté completamente angustiada y sintiéndose atrapada. Entiendo que aún suponiendo que tu actual situación financiera haga imposible que puedas dejar tu actual puesto, aún así puedes igualmente empezar con el proceso de planificación. Si tu trabajo te está arruinando la vida, no vale la pena ahorcarte. Ganar menos dinero puede suponer tener que pasar apuros al principio de este cambio, pero a la larga reemplazarás los ingresos perdidos y serás más feliz.

Sobra decir que si tu jefe es culpable de una mala conducta sexual o te ha convertido en objeto de continua crueldad psicológica, tienes que irte de ahí o informar a sus superiores. Obviamente, esto no incluye el hipotético caso de que te recrimine por llegar tarde o porque tu trabajo no sea bueno.

Veamos ahora unos pocos PUNTOS CLAVE que nos ayudarán a avanzar.

Los jefes malos son minoría. Existen jefes malos y mezquinos. Algunos tienen egos que necesitan sus propios códigos postales. Son una minoría, como los jefes excepcionales. La inmensa mayoría -, probablemente el 90 por ciento – están en el medio. A veces son buenos, a veces incompetentes, la mayoría sólo un término medio y gente decente que lucha por sobrevivir y se sienten sobrecargados la mayor parte del tiempo. Al igual que nosotros.

Los directores también necesitan desahogarse. A decir verdad, muchos directores se sienten frustrados por la calidad del trabajo que entrega la gente y también por lo que ellos valoran como indiferencia. He oído muchas quejas diciendo que crecen desenfrenadamente las actitudes pobres y egoístas. Demasiada gente lleva su cuerpo al trabajo pero deja su mente en otra parte. Cuando aceptaste el trabajo no le dijiste al jefe, “voy a realizar el trabajo cuando pueda, pero mi principal objetivo es conectar con la gente online y pasarlo bien”.

Haz la prueba de la cartera. Si se estuviese gastando tu dinero ¿qué querrías, un día honesto de trabajo o tener que decirle a la gente que deje de lado su Crackberry y que dejen el Twitter y el Facebook?

Tu jefe también puede tener problemas con su jefe. Puede que se encuentre bajo presión extrema para entregar resultados, o no recibe apoyo, o se le prometió la luna cuando aceptó el trabajo y descubrió luego que le habían mentido. Quizá su vida personal está patas arriba. A lo que voy es que probablemente no tengas todas las respuestas de por qué tu director es difícil de tratar. Bien podría ser un idiota total y no apto para la supervisión de ningún tipo –y esa sería toda la explicación-, pero hay muchas posibilidades de que haya que buscar mucho más que eso.

Sé honeso/a. ¿Eres parte del problema? ¿Podrías estar contribuyendo al estrés? ¿No eres más que un espectador inocente o te has puesto de tu lado avivando el descontento? ¿Estás a la altura de las expectativas y haces todo lo posible para reforzar el equipo? Una de las cosas más difíciles para cualquier persona es ser objetiva sobre su propio rendimiento, y en especial su personalidad en el puesto de trabajo. Si te abres a posibles críticas, te puede interesar preguntar a un par de compañeros imparciales cómo juzgan tu trabajo y tu conducta.

Ahora echemos un vistazo a esas 5 estrategias para relacionarnos con un mal jefe:

Estrategia 1: Prepárate para comprometerte

Si vas a aceptar la nómina, aunque encuentres a tu jefe detestable y carente de todo valor social que le pudiese redimir, vas a tener que encontrar la forma de trabajar juntos. Eso significa que tendrás que romperte la cabeza con este proceso. Tendrás que encontrar algo en él que te permita tolerar sus debilidades y pasar por alto el resto.

Incluso los peores directivos tienen buenas cualidades, a veces geniales. Si puedes dejar de lado tu ego y permitirte apreciar a esta persona por lo que hace bien –y bloquear las cosas que hace que te sacan de quicio- vas por buen camino. ¿Compartes su interés por un deporte o un hobby? Profundiza un poco y haz un esfuerzo por conectar. Te podría sorprender encontrar una persona humana bajo el traje de jefe mezquino. Tanto si lo haces de esta forma o no, tienes que aceptarle mental y emocionalmente y continuar adelante.

Estrategia 2: Reúnete 5 minutos

Para saber dónde estás con tu supervisor dale una nota manuscrita (no un e-mail) pidiéndole una breve reunión. “Necesito tu ayuda en algo importante. ¿Me puedes dar cinco minutos?” Eso es suficiente. No concretes aquí. La curiosidad juega a tu favor. Cuando entres en la reunión tienes tres objetivos:

1.- Conseguir la opinión del director sobre la calidad de tu trabajo
2.- Dejar claro que te entusiasma tu trabajo
3.- Mostrar que quieres avanzar y hacer más. Di algo como algunas de estas cosas:

“Gracias por dedicarme tu tiempo. A fin de mejorar en mi trabajo necesito tu opinión sobre como lo estoy haciendo y si hay algo en concreto que piensas que puedo hacer para mejorar.”

¿Por qué? Esto demuestra que respetas su opinión. Toma notas para que tu jefe vea que sabes que su tiempo es importante y no cuestiones su punto de vista en este momento. Si cuestiona tu productividad puede que sea su percepción honesta. Cambiarás esto mediante el resto de estrategias, pero no discutiendo. Simplemente escucha y escribe. Cuando haya terminado de darte su opinión, solicita inmediatamente una reunión de 5 minutos al mes para evaluar los progresos realizados. No te vayas sin haber fijado día y hora.

“Estoy muy entusiasmado con (tú actual proyecto o iniciativa), y la dirección general que estamos llevando”.

¿Por qué? La mayoría de jefes piensan usando estereotipos, al igual que la mayoría de todos los demás. Es la naturaleza humana. A menos que destaques y muestres una actitud positiva, es fácil ver tan sólo un cuerpo en frente y no concederte ningún valor, o que te juzgue como indiferente. Si no te entusiasmas por todo lo que tiene que ver con tu trabajo, tal vez el jefe no sea tu problema.

“Si vengo con un poco de tiempo libre, puedo volver a debatir un proyecto que he estado pensando?”

¿Por qué? Nada te acercará más al corazón de un supervisor que un trabajador que se ofrece voluntario para un trabajo extra. Todos los empleadores tienen proyectos huérfanos rondando en estado descuidado. Pregunta entre los administrativos cuáles son, elige uno que además de beneficiar a la organización también te dé una visibilidad amplia. Luego aplícate. Pasará una de dos opciones:

a) Realmente aquí hay sólo dos posibles resultados. Uno, el jefe se niega a apoyarte en el esfuerzo para mejorar e incluso asumir responsabilidades adicionales – y puede incluso ser un imbécil en esto. Si resulta así yo me iría tan pronto como mis situación financiera o de otra índole me lo permitiera. Este escenario es posible, pero me parece improbable.

b) Creo que es mucho más probable que tu jefe esté intrigado por tu iniciativa y tenga al menos un poco de curiosidad por ver qué va a pasar. Si yo estuviese en su lugar, pensaría que no tengo nada que perder y tal vez un jugador clave que ganar, que podría avanzar en el equipo sin los costos de contratación y la adición de un nuevo salario. No veo ningún inconveniente.

Estrategia 3: En las reuniones de seguimiento hay que mostrar progreso

La primera reunión fue para poneros de acuerdo y hablar el mismo lenguaje. Los períodos de sesiones subsiguientes son para supervisar el progreso. Si tu supervisor te ha apoyado en esto significa que ha apostado por el programa y tiene interés en verte triunfar.

No esperaría los 30 días para interactuar con él de nuevo. Haz preguntas y muestra el progreso de forma gradual, de modo que el proyecto y tú seguís estando presentes en su mente. Si la segunda reunión va bien no pierdas tiempo, presiona para programar las sesiones de manera regular:

“Esto es valioso para mí, ¿qué tal si nos vemos juntos unos pocos minutos cada martes a las 3:15?”

Estrategia 4: Encuentra un mentor

Independientemente del tipo de trabajo que hagas, hay gente que estará encantada de compartir sus conocimientos contigo para ayudarte a hacerlo mejor. Quizá un compañero de categoría superior en tu equipo, o alguien que se haya jubilado. Podría ser un empleado excepcional que haya trabajado para tu competencia, o alguien que encontrarás en un foro relacionado con tu sector. Hay alguien ahí fuera con capacidad y voluntad de ayudarte. Encuéntrales.

Un mentor puede ser una eficaz referencia no sólo en cuestiones técnicas, sino incluso para sobrevivir en tu puesto de trabajo. Muchas personas de éxito lo han utilizado y todavía lo hacen.

Estrategia 5: La comida puede ser un gran nivelador

No me preguntéis sobre la psicología que lo explica, pero el acto de compartir la comida puede romper desconfianzas y llevarnos a abrirnos un poco a los demás. He visto derrumbarse muros entre personas tras una comida. Aunque pienses que no aceptará, la próxima vez que vayas a pedir comida para llevar con tus compañeros, pregúntale a tu jefe si también quiere o propon ir a comer algo a la hora de salir.

Continua invitándole hasta que acepte. Ser jefe puede ser algo solitario. El simple hecho de que te inviten significa que alguien te acepta. Mándale este mensaje. Habréis advertido que no he sugerido ir a tomar unas cervezas con el jefe. El alcohol es suero de la verdad. He visto personalmente a un par de personas diciendo cosas en la “hora feliz” que se convirtieron en motivo de gran infelicidad al día siguiente. Simplemente considéralo un axioma: La combinación de alcohol y jefe es arriesgada.

Conclusión

Las personas no cambian fácilmente. Esto es cierto cuando hablamos de nuestros jefes pero cuando hablamos de nosotros, también. El verdadero cambio llega con experiencias de la vida que sacuden nuestro mundo y nos hacen mirarnos a nosotros mismos con una mirada nueva. Si tu jefe es un cliente difícil puede que continue siéndolo. Aún así, puedes ayudar a modificar su comportamiento.

Una de las primeras lecciones que aprendí es que el camino más fácil para conseguir lo que quiero es ayudar a otros a obtener lo que desean. Si tu jefe ve que trabajando contigo los números salen mejor o que se consigue cualquier otro beneficio significativo, entonces es probable tener un buen trato. En ese momento, depende de ti que mejore su opinión sobre ti y tu valor para la organización.

En mi carrera – con una notable excepción – en el momento en que mi jefe supo que me tomaba mi trabajo de modo profesional y que tenía la firme intención de empujarle a él para que me ayudara a tener éxito, rara vez tuve que vérmelas con muchas negativas. Cuando dejé de ver a mi jefe en términos de bueno o malo y me centré en lo que podía controlar – si se me veía como activo o pasivo – las cosas se simplificaron mucho.

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